Infanticidio y destrucción en Libia: La OTAN refleja la bestialidad y cinismo del capitalismo

Nunca nada ni nadie puede ni podrá justificar este genocidio en libia. La mayor parte de las víctimas de las bombas y los ataques son al pueblo libio indefenso, los niños, ancianos, los enfermos y los civiles en sus casas.

Mientras en los medios en lugar de defender al pueblo están justificando las agresiones diciendo que son "gadafistas". ¿Es que todo Libia es "Gadafista"?, ¿Y los niños nacen con un gen Gadafista?. ¿Cómo es posible que las leyes internacionales, las comunidades internacionales, los defensores de los derechos humanos, se dediquen todos a mirar hacia otro lado?.

Como los medios EEUU que están preocupadísimos porque un adulto de nacionalidad americana su mamá no sabe nada de él desde hace mucho, mientras su gobierno está lanzando bombas con Uranio empobrecido con aviones no pilotados, siendo corresponsables del genocidio libio.

Por amor a Dios paren esta barbarie,
no seamos cómplices
de estás bestias genocidas de la OTAN……






















La fe y resistencia del pueblo Libio no sera doblegada
Resiste Libia el genocidio de la OTAN

Por:  Stella Calloni

La indiferencia de la comunidad internacional permite a la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y sus mercenarias fuerzas terrestres continuar masacrando en Libia a las poblaciones que resisten la humanitaria invasión a su país, lo que se convierte en una despiadada complicidad de los gobiernos con los crímenes de lesa humanidad que cometen los invasores.

La OTAN intentará vencer a la justa resistencia libia con un verdadero genocidio contra Sirte, ya bombardeada en 1986 por la flota de Estados Unidos en el intento de asesinar a la familia de Moammar El Khadafi (1). Ahora creen que demoliendo cada lugar donde se resiste, podrán dar por teminada su nueva invasión. Los muertos serán libios, árabes, africanos. Para la buena conciencia del primer mundo no cuentan.

Habría que regresar a Jean-Paul Sartre de 1961 cuando enfrentaba la indiferencia de los intelectuales ante la tragedia argelina, escribiendo un inolvidable prólogo para el libro Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon.

Escribía Sartre en un párrafo : Debemos volver la mirada hacia nosotros mismos, si tenemos el valor de hacerlo, para ver que hay en nosotros. Primero hay que afrontar un espectáculo inesperado: el streptease de nuestro humanismo. Helo aquí desnudo y nada hermoso: no era sino una ideología mentirosa, la exquisita justificación del pillaje; sus ternuras y su preciosismo justificaban nuestras agresiones ( ) Si no son ustedes víctimas, cuando el gobierno que han elegido en un plebiscito y cuando el ejército en que han servido sus hermanos menores, sin vacilación, ni remordimientos, han emprendido un «genocidio»(tm), indudablemente son verdugos.

Bien podríamos hablar de los verdugos de la OTAN , que aún creen que matando a los líderes de la resistencia en Libia, matarán la voluntad de resistir de todo un pueblo.

¿Y que pasa con los millones de libios a los que dejaron sin hijos, sin padres, sin hermanos, sin abuelos, sin líderes religiosos, sin casa, sin ciudades, sin escuelas, sin hospitales, sin país, sin recursos, robados, saqueados, condenados al colonialismo otra vez?

¿Qué pasa con los familiares de esos niños quemados por las bombas que nadie ve morir, porque los medios del poder hegemónico deciden que esas imágenes sobrecogedoras no deben publicarse para no dañar la imagen de los depredadores disfrazados de soldados humanitarios?

Es aterrador y criminal el silencio de los medios que ni siquiera reproducen las denuncias de organismos humanitarios sobre las matanzas de la OTAN y sus mercenarios, ni los impedimentos a la Cruz Roja internacional para ayudar a las poblaciones sitiadas en ciudades donde se ha destruido todo y los heridos agonizan entre los escombros de los hospitales.

En Sirte, la situación ha sido calificada como una catástrofe por la Cruz Roja Internacional y hasta Amnesty Internacional, que pretendía instalar la teoría de los dos demonios, ha debido reconocer las violaciones a los derechos humanos de los rebeldes, la mayoría de ellos mercenarios llegados desde diversos lugares del mundo, en el nuevo esquema de los ejércitos privados que nunca debió permitir la ONU.

Donde antes había ciudades y pueblos prósperos, ahora hay hambre sed, duelo, miles de muertos, no hay luz, gas. ¿En nombre de qué?

¿En nombre del humanitarismo protector? término cínico si los hay, inventado para invadir países, robar y saquear sus riquezas, repartidas como botín de guerra.

¿A ESTO LE LLAMAN LIBERTAD?

Mientras los gobernantes europeos como David Cameron, Nicolás Sarkozy y otros festejan la liberación libia, suman miles los muertos y desaparecidos y esas víctimas de las que nadie habla, como si no existieran, desapareciéndolas de las noticias cotidianas son y serán un reclamo a sus conciencias anestesiadas por la ambición colonial, que está destruyendo a la propia Europa.

Recientemente el presidente de Estados Unidos Barack Obama anunciaba sonriendo que ahora los libios son libres ante la Asamblea General de la ONU , cuando ya se hablaba de más de 60 mil muertos y el llamado Consejo Nacional de Transición (CNT), creado por los invasores, ni siquiera había establecido gobierno en Trípoli y sigue sin hacerlo, debatiéndose en luchas internas de poderes miserables y mafiosos.
Pero Obama dijo mucho más al defender la invasión de las potencias imperialistas de la OTAN asegurando que ese es el modelo como debe actuar la comunidad internacional en el siglo XXI, lo que impunemente amenaza a todos los países del mundo.

Fue deplorable la imagen del también premio Nobel de la Paz cuando sostuvo, sin ningún pudor, que ahora los libios pueden caminar tranquilos. Olvidó agregar: sobre cadáveres y escombros,

En el mismo momento en que Obama hablaba de libertad en Libia, el país seguía bajo bombardeos en diversos lugares tratando de doblar la resistencia encabezada por Khadafi, sus hijos y otras figuras que continuaba en Beni Walid, Sirte, Murzuq, Awbari, Al Kufrah, Sebha, Ash Shati, Al Jufrah, Surt, Sawfajjin, Ghadames, Gharyan y otros pueblos y ciudades.

La resistencia expuso ante el mundo y ante algunos intelectuales- que acompañaron este crimen con su silencio o su interpretación falsa de la situación- la trágica verdad de esta nueva invasión colonial con que amenazan a todos los pueblos del mundo.

El periodismo- y no sólo el que maneja el poder hegemónico- ha mentido con plena conciencia de lo que está haciendo y por lo tanto es responsable por cada ser humano asesinado en Libia por las bombas inteligentes creadas para matar..

La mentira y el silencio también matan o continúan matando a las víctimas, cuando no se las reconoce como tal.

El periodismo que se prestó para armar el escenario falso de esta guerra cruel, es culpable como lo son los que arrojan las bombas, los que torturan y asesinan, como se ha denunciado también. La masacre de las poblaciones negras, que dejó sin habitantes a la ciudad de Tawergha, como bien lo describió el último enviado de Telesur, Diego Marín, en el lugar de los hechos y que incluso fue denunciada por Amnesty como una matanza racista, fue y sigue siendo silenciada.

La resistencia puso en ridículo a los gobiernos de las grandes potencias que ya en agosto pasado se habían adelantado a reconocer al gobierno del CNT surgido de un supuesto ejército rebelde, conformado mayoritariamente por mercenarios que están bajo las órdenes de la OTAN , cuando ni siquiera controlaban el país.
Esto también dejó a la ONU al desnudo en su papel de gerente imperial, como sucede con la ayuda que sus funcionarios dieron a Estados Unidos y la Unión Europea para lograr el acompañamiento de otros gobiernos en el reconocimiento a un grupo títere, mientras la invasión continúa.

Basta con recordar la vergonzosa imagen difundida por Al Jazeera en agosto pasado que mostraba la falsatoma de la Plaza Verde en Trípoli por los rebeldes hecho que nunca existió porque se trataba de una filmación producida en una plaza de Qatar para engañar al mundo, lo que fue reconocido ante la prensa por el propio vocero de la CNT al afirmar que fue necesario para que los reconocieran.

De la misma manera se sabe que nunca existieron los bombardeos contra una manifestación en Trípoli y la supuesta masacre de población civil, adjudicados al gobierno de Khadafi ,sobre lo que no existen imágenes a pesar de la cantidad de corresponsales y diplomáticos que estaban allí.

El hecho fue negado por diplomáticos entre ellos rusos, chinos y turcos, y por observadores británicos, belgas, franceses y de la Unión Africana que acudieron al lugar determinando la inexistencia de los bombardeos y la falsedad de la información.

Por supuesto debíó haberlo sabido el juez Luis Moreno Ocampo de la Corte Penal Internacional, que condenó a Khadafi y otros por la matanza en un bombardeo que nunca existió.

También debió escuchar estos testimonios la ONU , que nunca admitió las denuncias del gobierno libio, ni las propuestas de diálogo y paz de la Unión Africana , respaldada por varios países, entre ellos los de América Latina y el Caribe que integran el Foro de San Pablo.

Las imágenes de estos días muestran a familias enteras huyendo de las ciudades sitiadas, pasando por los retenes de los mercenarios, que se sabe han tomado prisioneros durante esas requisas y los han ejecutado.
Si algo demuestra cómo vivía el pueblo libio es esa imagen donde todos huyen en automóviles, están bien vestidos, no como se ha visto en otros lugares de esa región, cargando pesados bultos, caminando descalzos, pobres de toda pobreza.

Antes de la invasión en Libia había desempleo cero, el ingreso anual per cápita era de 11 mil 314 dólares, la inflación un 4 por ciento, salud y educación gratuitas, la mortalidad infantil alcanzaba a 19 por mil niños nacidos vivos, la más baja de toda la región. El 89 por ciento de la población había sido alfabetizada.

Diez mil jóvenes estaban becados en el exterior y miles estudiaban en la Universidades , en las cuáles además de la gratuidad podían vivir en los edificios estudiantiles donde también tenían asegurada comida y becas. Se estaban construyendo más de 300 mil viviendas.

El agua potable gratis provenía de uno de los sistemas acuíferos más grandes del mundo- uno de los incentivos de los invasores- , donde se construyó una gigantesca y millonaria obra, con un largo río subterráneo, que además de llevar agua a la población permitía el riego en zonas del desierto.

El gobierno entregó tierras gratuitamente para sembrar las zonas recuperadas al desierto, familias a las que proveyó de vivienda, enseres y semillas para no depender más de alimentos enviados desde el exterior.
La revolución verde promovía el desarrollo endógeno y Libia tenía su propio Banco Central, con total independencia externa y su propia moneda, el dinar, lo que permitía al Estado dar créditos de muy bajo costo. Se consideraba que este país tenía el más alto nivel de vida de la región.

Con todo lo que pudiera objetarse- sobre lo cual sólo debía decidir el pueblo libio- no era ni un estado fallido, ni caótico, ni hundido en el terrorismo o el narcotráfico. Por lo tanto para los viejos colonialistas era un mal ejemplo.

De todo eso que había poco o nada queda. Siete meses de bombardeos sistemáticos sobre una población de poco más de seis millones de habitantes y grandes extensiones desérticas, han dejado muerte, destrucción, humillación y desolación.

¿Alguien podrá atreverse a llamar humanitarismo a este terrorismo primer mundista, de última generación? Es hora de que la humanidad reaccione.

No es posible permanecer indiferentes ante la decisión criminal de las grandes potencias de sostener una guerra que han perdido en todos los frentes, pero esencialmente en lo moral. Los mercenarios sólo pudieron avanzar bombas tras bombas de la OTAN , no importó el precio, pero ahora deben enfrentarse con la realidad de vencer la resistencia por tierra. Lamentablemente como eso no se logrará han decidido bombardear hasta que nada quede en pie.

Cada bombardeo es una señal de impotencia, mientras miles de Tuareg se han unido a la resistencia libia, y millones de africanos saben que allí se libra una batalla estratégica y definitiva para Africa, continente que ahora Estados Unidos pretende controlar, proyectando establecer en Trípoli la sede de su Comando para la región, el Africom.

Africa mía, dicen ya en Washington, mientras comparten migajas con sus aliados, cada vez más hundidos en la crisis a la que Estados Unidos ayudó con la complicidad de algunos gobernantes europeos, traidores a sus pueblos.

Mucho hay detrás de la invasión a Libia, pero hoy, ahora es necesario detener la garra de la muerte que avanza. Hay que parar el tercer genocidio del siglo XXI. Mañana será tarde para todos.

El Pueblo Libio respalda a Mohamar Gadafi
y la prensa corrupta y cómplice del genocidio lo oculta
el mundo debe denunciar la conspiración criminal contra Libia 




La invasión de Libia: el rostro criminal del imperialismo que la prensa calla....

La invasión de Libia:

el rostro criminal del imperialismo

 
Por Bill Van Auken

El ataque de la OTÁN a Libia, una criminal guerra imperialista desde su inicio hace cinco meses, ha derivado en una completa operación de asesinato debido al intento de los agentes de fuerzas especiales y de inteligencia de perseguir hasta la muerte al líder Muamar Gadafi.

Desde el comienzo, el objetivo central de esta guerra ha sido tomar control de las reservas de petróleo de Libia, la más grande del continente africano, y llevar a cabo una muestra de fuerza imperialista como medio de reprimir y contener los masivos movimientos populares que hace tan sólo unos meses atrás derrocaron a los regímenes patrocinados por EE.UU. y la OTÁN de Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez.

“Operación Protector Unido”, como la OTÁN denominó al ataque militar, habría sido llamado más correctamente “Operación Violación de la Mafia Imperialista”. Los EE.UU., Gran Bretaña, Francia e Italia, cada uno persiguiendo sus propios intereses en Libia y más ampliamente en la región, se unieron con el propósito común del “cambio de régimen”.
Para alcanzar este objetivo, aviones de guerra de la OTÁN llevaron a cabo 20,000 misiones de combate, destruyendo escuelas, hospitales y hogares, masacrando un número incalculable de soldados libios, muchos de ellos jóvenes reclutas.
Repudiando los términos de la resolución de las Naciones Unidas que autorizaba “todos los medios necesarios” para proteger a los civiles, las potencia de la OTÁN, incluyendo a los EE.UU., Francia y Gran Bretaña, enviaron tropas de fuerzas especiales, mercenarios de contratistas militares y agentes de inteligencia para armar, organizar y liderar a los denominados “rebeldes”, cuya principal función era sacar a las fuerzas del gobierno libio para que éstas puedan ser eliminadas desde el aire.
La pretensión de que esta es una guerra para proteger a civiles ha sido desenmascarada como una obscenidad moral; el número de víctimas solamente en Trípoli alcanza las cifras de miles y las bombas y misiles de la OTÁN continúan cayendo sobre áreas ampliamente pobladas.

Para encontrar un ejemplo similar, uno tiene que volver a la década de 1930 en la cual, como ahora, el capitalismo mundial estaba en las garras de una grave crisis económica. En ese entonces, la humanidad fue pasmada por la salvaje agresión desatada por la invasión italiana de Etiopía, el apoyo de Hitler de los Sudetes alemanes para repartirse Checoslovaquia, y el envío de la Legión Cóndor alemana para bombardear España a favor de la insurgencia fascista de Franco.

En aquel tiempo, estos violentos actos de agresión eran vistos como parte de la caída del capitalismo mundial hacia la barbarie. Hoy, actos similares en Libia son proclamados de ser el florecimiento del “humanitarismo” y de la “democracia”.
Durante aquel período, el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt hizo un llamado al carácter democrático del pueblo estadounidense—mientras que sin duda posicionaba a los EE.UU. para lograr sus propios objetivos imperialistas—al exigir una “cuarentena” de la agresión fascista.
Roosevelt declaró en 1937: “Sin una declaración de guerra y sin aviso o justificación de cualquier tipo, civiles, incluyendo vastos números de mujeres y niños, están siendo asesinados despiadadamente por bombas desde el aire… Las naciones fomentan y toman posiciones en guerras civiles en naciones que nunca les han hecho ningún daño. Las naciones que demandan libertad para ellas mismas se las niegan a otras. Gente inocente, naciones inocentes, son cruelmente sacrificadas por una avaricia de poder y supremacía que se encuentra totalmente desprovista de cualquier sentido de justicia y consideración humana.

Estas palabras de hace tres cuartos de siglo se leen como una acusación de la administración Obama y de los gobiernos de Cameron, Sarkozy y Berlusconi.

Los juicios de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial establecieron a la guerra agresiva como “el supremo crimen internacional, diferenciándose de otros crímenes de guerra porque éste contiene dentro de sí la acumulada maldad de todos”.

Esta concepción fue incorporada a las Naciones Unidas, la cual prohibió “la amenaza o uso de fuerza contra la integridad territorial de la independencia política de cualquier estado”.

Sin embargo, dentro de la clase política prácticamente no hay ninguna crítica de la guerra agresiva llevada a cabo por los aliados de la OTÁN. Los sinvergüenzas de los medios de comunicación completamente se han integrado a la maquinaria de guerra imperialista, literalmente pasando por encima de los cadáveres y escondiendo de las cámaras a los mercenarios occidentales para maquillar mejor su propaganda sobre la “revolución” y liberación” en Libia.

La fuerza motriz detrás de la guerra en Libia es el imperialismo, adecuadamente descrito por Lenin como reacción en su totalidad. Es una guerra que está siendo llevada a cabo por los predatorios intereses del capital financiero. Está diseñada para producir aquello que se refiere tanto en la prensa financiera como una “bonanza”, no sólo para los mayores conglomerados de energía, sino para los bancos y corporaciones, mientras que al mismo tiempo apuntalan las vastas fortunas acumuladas por la élite dirigente por medios de especulación financiera, el hacer caer los costos de labor en Estados Unidos y Europa y la explotación de la mano de obra barata en todo el mundo.

La verdad asesinada por la corrupta prensa mediática
cómplice del genocidio en libia
El gangsterismo internacional va mano a mano con la criminalidad política y económica doméstica. La agresión afuera del país se encuentra inseparable de los ataques despiadados a los estándares de vida y derechos básicos de amplias masas de gente trabajadora en Europa, Estados Unidos y prácticamente en cada país principal del mundo. Mientras que les dicen a los trabajadores en todos lados del mundo de que no hay dinero para pagar por trabajos, educación, salud, pensiones y otros servicios sociales, miles de millones son gastados para bombardear e invadir Libia sin que se haga ninguna pregunta.

Una característica notable de la guerra en Libia es la manera como se han movilizado detrás de ella un estrato socio-político de ex izquierdistas de clase media, académicos liberales y ex manifestantes. Este es un proceso que se ha ido desarrollando sobre el curso de varias décadas, acelerada por la desmoralización de una sección de este estrato cuyo “izquierdismo” dependía en gran medida de la burocracia estalinista soviética y comenzó a disiparse con la auto liquidación de la burocracia. Otros se agruparon detrás de la intervención imperialista en los Balcanes, atraídos en aquel entonces, como ahora, a las falsas pretensiones de que los más grandes agresores del mundo realizaban una guerra por “derechos humanos”.

Hoy, uno tendría que ser ciego para no ver el profundo cambio que toma lugar dentro de este estrato. Están los sinvergüenzas académicos como Juan Cole, el profesor de historia de Oriente Medio de la Universidad de Michigan quién usa su reputación como un crítico de la guerra contra Irak del gobierno de Bush para vender la guerra contra Libia por el gobierno de Obama.

En Europa, grupos como el Nuevo Partido Anti-Capitalista (NPA) han usado a la guerra para forjar lazos más estrechos con sus propios gobiernos y promover los intereses de sus propias élites dirigentes. Ellos representan un completo estrato de la clase media privilegiada que está siendo reclutada como nuevos simpatizantes del imperialismo. Sus políticas son esencialmente indistinguibles de aquellas de Obama y la CIA.

La guerra contra Libia no ha ganado apoyo popular en ninguno de los países agresores. La gente trabajadora instintivamente sospecha que esta guerra, como aquellas que la precedieron, está siendo ejercida para el beneficio de la oligarquía financiera y a expensas de las amplias masas.

La lucha contra la guerra y el imperialismo sólo puede ser llevada hacia adelante si se centra en la clase trabajadora. La lucha contra la guerra y la destrucción de empleos, los estándares de vida y los derechos sociales básicos y democráticos son hoy día inseparables. El militarismo en el extranjero y la contrarrevolución social dentro de la nación tienen raíces objetivas comunes en la insoluble crisis capitalista. Solamente pueden ser derrotadas a través de la movilización política y la unidad internacional de la clase trabajadora en la lucha por el socialismo.

Tomado de http://www.wsws.org/es/articles/2011/sep2011/span-s08.shtml

CNT: las ratas siembran la peste Libia



Bandas armadas de la OTAN roban Bancos y realizan saqueos de instituciones y viviendas de civiles en Sirte y la ONU calla de manera complice



Una década de guerra neo-colonial en Afganistán y quieren repetirlo en Libia

Bush un genocida que esta libre impunemente 
Una década de guerra
neo-colonial en Afganistán

Por: Peter Symonds

Hace unos días se cumplió una década desde que los EE.UU. y Gran Bretaña lanzaron operaciones militares contra Afganistán, iniciando una guerra sangrienta y prolongada de los neo-colonial conquista. La guerra ha sido un desastre para el pueblo afgano y una trágica pérdida de vidas de soldados estadounidenses y aliados. Se ha desestabilizado profundamente la política regional y mundial.

En su declaración del 9 de octubre de 2001, el World Socialist Web Sitioconsejo editorial condenó el asalto encabezada por Estados Unidos en Afganistán y expuso las afirmaciones del gobierno de Bush que llevar a cabo una "guerra contra el terror" para defender al pueblo estadounidense contra Al Qaeda. La declaración identifica el verdadero objetivo de Washington como la transformación del país en una base permanente de operaciones de EE.UU. para extender su hegemonía sobre el rico en energía adyacente región de Asia Central.

En una advertencia profética, el consejo editorial señaló: "Si los EE.UU. para derrocar a los talibanes o matar a Bin Laden y acabar con lo que Washington llama a sus campos de entrenamiento terroristas, la realización de estos objetivos no sería seguido por la retirada de las fuerzas estadounidenses.Por el contrario, el resultado sería la colocación permanente de fuerzas militares de EE.UU. para establecer los EE.UU. como el árbitro exclusivo de los recursos naturales de la región. En estos objetivos estratégicos se encuentran las semillas de futuros conflictos y aún más sangrienta. "

La erupción del militarismo de EE.UU. marcada por la guerra en Afganistán ha aumentado sin cesar durante la última década. Para compensar su posición económica menguante, el imperialismo norteamericano ha ejercido varias veces su poder militar para socavar los intereses de sus rivales europeos y asiáticos. Los EE.UU. explotó el 9 / 11 ataques terroristas como pretexto para poner en práctica a largo preparado planes para la primera invasión de Afganistán y luego Irak.

Al proclamar su doctrina de guerra preventiva, la administración Bush afirmó el "derecho" a la guerra contra cualquier amenaza a los EE.UU., proporcionando así la justificación para el uso sin trabas de la fuerza militar en cualquier rincón del planeta. Esta doctrina, mantenida y ampliada durante el gobierno de Obama, viola el derecho internacional y los principios básicos establecidos en los juicios de Nuremberg, que condenó a los líderes nazis para librar una guerra de agresión.

La guerra en Afganistán ha estado acompañada por la militarización de la sociedad estadounidense y los ataques sostenidos contra los derechos democráticos y los principios jurídicos básicos. La administración Bush rechazó los Convenios de Ginebra y se estableció el campamento de la Bahía de Guantánamo de cárcel por la detención indefinida de "combatientes enemigos" en flagrante desconocimiento de la ley internacional y estadounidense. El asesinato de EE.UU. "terroristas" ha culminado en el asesinato extrajudicial de un ciudadano estadounidense Anwar-el clérigo musulmán al-Awlaki en el Yemen el mes pasado.

Bajo la bandera de la "guerra contra el terror", los gobiernos de Bush y Obama han desarrollado el Departamento de Seguridad Nacional como el núcleo de un aparato de policía del estado enorme que cada vez se utiliza contra una persona, en el hogar como en el extranjero, considerado como un amenaza para el orden social actual.

El impacto de la guerra en Afganistán ha sido catastrófico. Después de haber armado y financiado las milicias islamistas como los progenitores de Al Qaeda en su guerra santa contra el régimen respaldado por los soviéticos en Kabul en la década de 1980, los EE.UU. volvió a sus antiguos aliados. Tres décadas de guerra han dejado a uno de los países más atrasados ​​y pobres del mundo Afganistán. Lejos de establecer la democracia, la coalición liderada por Estados Unidos ha apoyado el régimen ampliamente despreciado por el presidente Hamid Karzai, que se basa en una amplia repugnante de señores de la guerra, barones de la droga y los líderes tribales milicia.

Cifras de la ONU publicado el año pasado estima que 9 millones de afganos, o 36 por ciento de la población, vivían en la pobreza absoluta, y un 37 por ciento existido un ingreso ligeramente por encima del umbral de la pobreza.Sólo el 23 por ciento de la población tenía acceso al agua potable y apenas el 24 por ciento de los afganos por encima de la edad de 15 años sabían leer y escribir.

El país tuvo la segunda tasa más alta de mortalidad materna y la tercera tasa más alta de mortalidad infantil en el mundo. La inyección de alrededor de $ 35 mil millones en fondos internacionales entre 2002 y 2009 sólo agrava el abismo social que es muy evidente en Kabul, donde los más pobres de los pobres por sobrevivir mendigando en la basura fuera de las mansiones palaciegas de la elite rica.

Para aterrorizar a una población hostil, los militares de EE.UU. ha utilizado las técnicas de barbarie desarrollada en Vietnam y otros neo-colonial, las guerras, las detenciones arbitrarias, la tortura, el asesinato, la noche redadas y ataques indiscriminados de aire. De acuerdo a Afganistán de la Institución Brookings índice, 2.735 tropas de EE.UU. y de la coalición habían muerto el 29 de septiembre de este año.
No hay recuento preciso de muertos civiles afganos existe. Las estimaciones sitúan la cifra en más de 10.000, pero la cifra real es seguro que será mucho mayor. Una década de la ocupación extranjera ha dejado un legado de amargura y el odio que proporciona un flujo constante de reclutas para los talibanes y otras fuerzas anti-ocupación.

Del mismo modo, las guerras en Afganistán e Irak han generado una amplia oposición popular en los EE.UU., sus aliados inmediatos y países de todo el mundo. Pero este sentimiento no encuentra expresión dentro de la clase política en cualquiera de estos países.

Lecciones políticas deben elaborarse a partir del colapso de las protestas contra la guerra global contra la invasión de Irak en 2003-las más grandes manifestaciones coordinados a nivel internacional en la historia. Que la ira y la oposición fue dirigida por las diversas organizaciones pseudo-radical que dominó las protestas en apoyo a la campaña electoral de 2008 de Obama.

Lejos de ser un "pacifista" presidente, Obama mantuvo la ocupación de EE.UU. de Irak y "aumentado" el número de tropas estadounidenses de alrededor de 30.000 a principios de 2009 para el nivel actual de cerca de 100.000 para luchar contra la "buena guerra" en Afganistán. Obama retiro de las fuerzas de EE.UU. en Irak y la escalada de la guerra de Afganistán no representaba más que un cambio táctico por la élite gobernante de Estados Unidos en la persecución de sus intereses. Por otra parte, por la imprudencia extender el conflicto en las zonas fronterizas del vecino Pakistán, el gobierno de Obama ha desestabilizado peligrosamente no sólo de ese país, pero el precario equilibrio estratégico en todo el sur de Asia y más allá.
El ex-izquierdistas y pseudo-radicales que elogió la elección de Obama se han convertido en los animadores de nuevas guerras imperialistas de agresión. Estos equipos de clase media sin vergüenza se subieron al carro en la promoción de bombardeos de la OTAN de Libia, como la nueva "guerra buena" de la democracia contra el dictador Muammar Gaddafi. Al igual que en Afganistán e Irak, las fuerzas de la OTAN están tratando de instalar un régimen cliente flexible en Trípoli para hacer valer su dominio de los recursos energéticos del país y convertir al país en una base estratégica de las operaciones contra los movimientos revolucionarios en el vecino Túnez y Egipto.

La causa raíz de la guerra imperialista está en el sistema de ganancias. La profundización de la crisis global del capitalismo está impulsando a las clases dominantes en una guerra de clases contra las condiciones de vida de las personas que trabajan en el hogar y el conflicto económico y militar en última instancia, en contra de sus rivales en el extranjero. 

Un movimiento antiguerra de masas debe ser revivida, pero eso sólo es posible sobre la base de una nueva perspectiva-la movilización política independiente de la clase obrera en una lucha unificada basada en un programa socialista e internacionalista para abolir el capitalismo y su sistema obsoleto estado-nación .

 

* Informe de la ONU los documentos de la tortura sistemática de detenidos afganos

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