jueves, 28 de marzo de 2013

La recolonización de África comenzó con la muerte de Gaddafi


La recolonización de África comenzó con la muerte de Gaddafi (Parte 1)


Por: Nagham Salman

Hace unos días Radio Nacional de España entrevistaba a un conocido experto en política de Oriente Próximo y del Norte de África que afirmaba que "Libia se encuentra en un proceso de transición democrática con algunos problemas", y que "lo más importante es que se ha restablecido al cien por cien el suministro de crudo". 

Escuchando estas manifestaciones de un experto en la radio pública española, el español medio interpreta que la "guerra humanitaria" fue un éxito y que el pueblo libio se ha librado de su tirano y tiene el control de sus recursos naturales.

Nada más alejado de la realidad, porque Libia, que gozaba del Índice de Desarrollo Humano más alto de África y que quizá era uno de los únicos países del mundo en vías desarrollo que tenía pleno control de sus recursos naturales, en especial petróleo, gas y oro, es a día de hoy un estado fallido donde las milicias islamistas campan a sus anchas aterrorizando a la población. Mientras tanto, los pozos de petróleo y gas han sido literalmente rodeados de dos líneas de mercenarios fuertemente armados que aseguran que  las corporaciones expoliadoras trabajen a pleno rendimiento. 





Pero a la muerte de Muammar, que tan cínicamente celebrada fue por Hillary Clinton fuera de cámara en una entrevista, lo peor estaba todavía por llegar. 

Parte de los mercenarios yihadistas e insurrectos fueron enviados a Turquía, donde serían entrenados para unirse al ejército libre sirio, mientras que otro gran contingente de yihadistas con armamento sofisticado suministrado por la OTAN y también saqueado de los arsenales de Gaddafi, fue enviado al sur para unirse a los salafistas del AQMI (Al Qaeda en el Maghreb Islámico) y a los nacionalistas tuaregs, para instruirlos en la Guerra Santa e iniciar la desestabilización de toda la región que rodea el desierto del Sáhara, tan rica en recursos naturales. 

Unas tribus tuaregs que habían sido previamente formadas militarmente por un comando estadounidense, y que de forma extraña han integrado nacionalismo y salafismo al ser comandados por yihadistas internacionales y guerrilleros del AQMI, bajo las órdenes de los cuales han arrasado el norte del país en pocos días, imponiendo la Sharia en toda las ciudades bajo su control, como ocurriera en Somalia con las milicias de Al Chabab hace unos años.  





No es más que una fase más de AFRICOM liderada por Francia y comandada y coordinada conjuntamente por los servicios de inteligencia estadounidenses, ingleses y franceses, en la que el país galo ha actuado de nuevo como pirómano-bombero, al igual que hiciera en Libia bajo el mandato del ultraderechista Sarkozy.  

Esta vez, sin embargo, y paradójicamente, ha sido el 'socialista' François Hollande el encargado de incendiar la región y sumirla en el caos y la anarquía, sirviéndose de grupos islamistas como táctica previa a la  intervención militar occidental en pro de la posterior  intensificación del planificado saqueo de África occidental y central. Un ejemplo más de la doble moral que impera en la política internacional. 

Este nuevo episodio de 'guerra contra el terrorismo' en pro de la Democracia y los Derechos Humanos para justificar una nueva injerencia internacional esconde de nuevo un descarado ánimo de lucro que suele ser saciado en tres fases siempre que se trata de conflictos artificialmente creados desde el exterior. Una primera vendiendo armas a ambos bandos, una segunda estableciéndose y expoliando los recursos del "país liberado", y una tercera reconstruyendo infraestructuras que muy probablemente serán de nuevo destruidas dentro de unos años. 

La nueva fase de AFRICOM solo acaba de empezar, y la  estrategia se ha marcado dos grandes objetivos geoeconómicos. El primero es que la crisis financiera que asola especialmente a Europa sea pagada por los más pobres del mundo global. Y el segundo, y quizás más importante, es contrarrestar el creciente poder económico, comercial y financiero de China en el continente africano. 

Y para conseguirlo, no se dudará en crear nuevos conflictos en países como Argelia, Níger, Chad, Nigeria y otros. 

Mientras los islamistas salafistas son considerados terroristas y un gran peligro para la comunidad internacional en Mali, los mismos en Siria son considerados revolucionarios por la democracia.
La recolonización de África comenzó con la muerte de Gaddafi (Parte 2)



La explotación de África se inició hace siglos por los negreros árabo-musulmanes, y se intensificó un siglo después de la llegada de los europeos a América, cuando el esclavismo fue la base de la explotación agrícola de las colonias del 'nuevo continente' americano.

En el siglo XVIII se pasó de la esclavización costera a la exploración y la posterior conquista progresiva del continente africano por parte de las potencias europeas, que acabarían repartiéndose el continente con el Tratado de Berlín de 1877.

La descolonización se inició tras la Primera Guerra Mundial y se consolidó tras la segunda. Pero las potencias coloniales, en especial Gran Bretaña y Francia, siguieron controlando económicamente el continente a través de gobiernos títeres y corruptos.

A finales de los años noventa aparece China como nuevo actor inesperado en la región africana y se inicia una guerra geoeconómica basada en la competición por los recursos y los mercados africanos.

Hasta entonces África había sido el gran suministrador de productos minerales consumidos por la industria del 'primer mundo', en especial hidrocarburos, pero también oro, diamantes, platino, uranio, hierro, cobre, coltán, sulfatos y zinc.

Mientras tanto, el que durante mucho tiempo fue denominado 'tercer mundo' era escenario de cruentas guerras en las que participaban niños soldado, además de hambrunas y desplazamientos masivos de poblaciones que fueron siempre olvidadas por los medios de comunicación. Sus países solían estar gobernados por élites serviles y fuertemente protegidas que esclavizaban a sus pueblos mientras ellas vivían en la opulencia.

La presencia china ha ido 'in crescendo' desde inicios del año 2000, cuando la guerra de Irak y las sanciones a Irán le privarían de gran parte del suministro de crudo necesario para su industria, puesto que la 'fábrica del mundo' necesita recursos naturales y nuevos mercados donde poder exportar sus productos y servicios 'low cost'.

La 'colonización blanda' de China se basa en obtener materia prima a cambio de préstamos a un bajo tipo de interés para la construcción de infraestructuras bajo la dirección de ingenieros chinos.
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En el año 2000 se celebró el Foro de Cooperación China-África (FOCAC) en Beijing, que significó la formalización en la esfera internacional de las pretensiones chinas en África. El resultado fue la firma de contratos millonarios e inversiones para el desarrollo en varios países africanos.

Desde aquella fecha, los préstamos otorgados por China han concedido un capital mayor a un tipo de interés menor que los otorgados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, Estados Unidos y la Unión Europea. Por otra parte, se han puesto ya las bases para la creación de un Banco de Desarrollo para África sufragado con capital chino.

A día de hoy, cientos de empresas chinas gestionadas por una diáspora de más de un millón de ciudadanos chinos están establecidas en diferentes países africanos.

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China , de forma paralela a su progresiva implantación comercial y financiera en África, ha ido también implantándose culturalmente a través de sus Institutos Confucio, como vía a extender el conocimiento de la lengua y la cultura chinas con el objetivo de reforzar el entendimiento mutuo de cara a un futuro de intercambio. En este sentido, el gran gigante asiático adopta la misma estrategia de diplomacia cultural que vienen poniendo en práctica desde hace varios años Reino Unido y Francia, con las instituciones del British Council y el Institut Français, respectivamente. También España ha explotado esta estrategia con su red de Institutos Cervantes esparcidos por todo el mundo.

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La entrada de China en una zona de influencia exclusivamente occidental tuvo repercusiones geoestratégicas desde un primer momento. La creación de AFRICOM fue la reacción natural del Pentágono y la Unión Europea, conscientes de que la hegemonía económica internacional depende de los recursos africanos en gran medida.
La partición de Sudán y la ocupación de Libia, ambas con fines energéticos manifiestos, ha sido seguida de la operación liderada por Francia en Mali, cuyo uranio alimenta a muchas de las más de cuarenta centrales nucleares del país galo.

Nagham Salman es jefa de proyectos europeos de investigación y analista política especialista en asuntos de Oriente Medio.

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