La trampa “Thuraya”: el uso de la tecnología celular en la guerra contra Libia

Telefonía “Thuraya”


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Pero resulta que llegar a esta conclusión no sólo es errónea porque se parte de una falsa premisa, sino también políticamente incorrecta y moralmente contrarrevolucionaria. Es errónea porque la posición adoptada por la izquierda en cuestión no responde a un hecho aislado, sino que es la consecuencia de una concepción del mundo que se ha venido incubando en décadas de Estado Bienestar capitalista cual producto directo y más acabado de la expoliación y explotación de los países de la periferia imperial, eufemísticamente llamados países del Tercer Mundo. Una concepción pequeño-burguesa reforzada por una interpretación interesada del derrumbe de la URSS y del llamado “socialismo real”.
Ya Lenin en las primeras décadas del siglo XX señalaba con dureza la actitud traidora de los partidos socialdemócratas europeos que abandonaron en masa los postulados internacionalistas del socialismo para apoyar a sus respectivas burguesías en sus injustas guerras de rapiña imperialistas. Hoy tenemos a los continuadores de esa política traidora, algunos advenidos al poder en gobiernos europeos; otros desde las riberas del criticismo intelectual pequeño-burgués.
La importancia de establecer ahora este combate ideológico radica en que estas corrientes ideológicas maduradas unas, podridas otras, bajo la figura del Estado Bienestar capitalista, se proyectan como “alternativas” que en última instancia buscan refrescar y embellecer el horripilante rostro del imperialismo, reforzando la capacidad metabólica de éste.
En el caso libio se nota la hipocresía de estas corrientes ideológicas que han tenido que asumir postura ante el genocidio cometido por sus respectivos gobiernos contra un pueblo pobre pero digno como es el libio. Intelectualidad que ha asumido al respecto, con toda la insensibilidad típica del invasor colonial, el mayor de los desdenes ante la destrucción de una nación y su pueblo por el hecho “principista” aparente de no compartir los puntos de vista y la conducta política de su dirigencia histórica personificada en Muamar Gadafi.
Al contrario del apoyo decidido a la lucha del pueblo libio y su liderazgo verde, con todas sus fallas, esta intelectualidad toma partido, por acción u omisión, a favor de la intervención armada imperialista. Este hecho no puede ser despachado en el debate ideológico, simplificado como una visión diversa que merece ser tolerada, arguyendo que dicha visión se origina en las filas de supuestos antiimperialistas, defensores del socialismo o de algo parecido al socialismo.
No puede haber tolerancia con posiciones que aparentan ser muy radicales en “momentos de paz”, pero cuando sobre los pueblos caen las bombas “humanitarias” del imperialismo y del neocolonialismo, corren a defender, de hecho, a sus respectivas potencias agresoras arguyendo los supuestos intereses de “movimientos sociales” inexistentes o que aun existiendo muestran su orientación política reaccionaria al aliarse con el brazo armado del imperialismo: la OTAN.
Demuestran gran inconsistencia moral, por lo tanto ideológica, aquellos que reconociendo el martirio de Gadafi, argumentan que su muerte heroica lo disculpa de las supuestas atrocidades anteriormente cometidas (gracias a los pueblos, el Héroe y Mártir Gadafi no necesita de sus hipócritas reconocimientos, señores intelectuales de “izquierda”). Destaca el hecho que ninguna de las atrocidades que se le achacan a Gadafi han sido fehacientemente demostradas: ni las fosas comunes de sus supuestas víctimas, ni la supuesta fortuna personal, ni los documentos que lo involucran en torturas como política de Estado, ni los ametrallamientos de pacíficas y multitudinarias manifestaciones anti-gubernamentales. Quedará en manos de la mediática imperialista fabricar el expediente asesino para mancillar al héroe, cumpliendo estos intelectuales de “izquierda” el papel de coro del imperialismo. Así pasa con todos los héroes de la revolución mundial.
Cabría aquí la siguiente pregunta: ¿Por qué tanto odio contra la revolución verde liderada por el mártir Gadafi la cual seguramente será continuada por otros líderes que serán igual de odiados? ¿Por qué este odio se extiende desde las burguesías imperialistas occidentales llegando hasta parte importante de la intelectualidad de la “izquierda” occidentalista?
Odio que mueve a estos intelectuales, algunos de ellos supuestos baluartes de la comunicación alternativa y autores de fama mundial, a suscribir las tretas mediáticas del imperio, a negar la existencia misma de Libia como nación, a negar los logros innegables de la revolución verde y a endilgarle a Gadafi la vocación de vulgar simulador.
Se nos podrá acusar de “divisionistas” o de “irrespetuosos” como melodramática categoría argumentativa de la mojigatería pequeño-burguesa que se apoderó de las mentes de esta “izquierda” eurocéntrica y de sus seguidores latinoamericanos, pero es menester romper con este chantaje, que no obstante no les impide de regreso críticas como la del supuesto pensamiento monolítico (imperialismo versus antiimperialismo) con que alegremente y sin mayores argumentos tildan a la izquierda latinoamericana, sobre todo a la que asume posiciones de poder congregada en el ALBA: Precisamente allí es donde está el problema: para el movimiento revolucionario mundial la contradicción principal está entre los pueblos del mundo contra el capitalismo en su fase superior, el imperialismo. Para estos modernos revisionistas la contradicción parece ser democracia burguesa en su versión occidentalista versus tiranías tercermundistas. Y en esa figura de tiranías tercermundistas cabía la Yamahiriya Libia, cabe Siria, cabe Irán, y por qué no Cuba y Venezuela.
Quizá el odio de esta intelectualidad eurocéntrica a los procesos libios y sirios, coincidente con sus respectivos gobiernos y sus burguesías, tenga su origen en la necesidad de mantener sus áreas de influencia imperialistas y neocoloniales en la cercana África y el Mare Nostrum Mediterráneo. Se trata de la reminiscencia del papel mundial “civilizador” de Europa (con los Estados Unidos como una extensión de Europa) que se lava las manos cuando los indígenas o aborígenes bajo su protección cometen actos de barbarie (como el martirio de Cristo o el linchamiento de Gadafi). Del mantenimiento de este status quo imperial depende sus actuales privilegios y su anodina actividad “intelectual”.
Los revolucionarios y revolucionarias también cometemos errores. Algunos de ellos fundamentales en los cuales se nos puede ir la vida o, lo que es más grave, toda una fase histórica de luchas. Ejemplo hay muchísimos. Aquí en Nuestramérica tenemos al Che y a Allende, por mencionar sólo los más emblemáticos, dada las diversas vías que ambos mártires tomaron para hacer la revolución. Ahora en Chile se vive un amanecer de luchas populares; en Bolivia prospera un gobierno abiertamente revolucionario y antiimperialista. ¿Cuánto de estos héroes hay en estas luchas? Muchísimo decimos nosotros.
En Libia se cometieron errores fundamentales. No hay duda de ello. Pero intentar echar a la basura de la historia todo un proceso histórico de más de 40 años denota algo más que una simple divergencia coyuntural. Detrás hay mucho más que eso y hacemos el alerta. ¿Cuál será la posición de estos intelectuales con respecto a la resistencia libia? Seguro la calificarán –y ya lo están haciendo- de medieval lucha inter-tribal.
Esta alerta adquiere vigencia en momentos cuando la llamada “guerra global contra el terrorismo” entra en fase de agotamiento tomando como hito el asesinato de Osama Bin Laden, y que otra guerra global empieza a ser planteada por el imperialismo: la “guerra contra las dictaduras” donde la agresión a Libia también es un hito.
Ya veremos a la intelectualidad eurocéntrica y sus acólitos latinoamericanos buscándole la quinta pata al gato para encuadrar a los gobiernos revolucionarios y progresistas del Sur como intolerantes y faltos de más democracia burguesa occidentalista.
INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA