lunes, 29 de agosto de 2011

Países de la OTAN tuvieron que jugar sucio para ganar la guerra en Libia



Países de la OTAN tuvieron
que jugar sucio para ganar la guerra en Libia...

Por: Armando Pérez

Países influyentes de la OTAN como Reino Unido y Francia, tuvieron que jugar sucio para ganar la guerra en Libia, y ahora, exponen argumentos para justificar la cacería a muerte emprendida contra Maumar Gadafi.

A medida que la guerra civil en Libia se aproxima su fase final con Gadafi prófugo, combates en el sur de Tripoli y sangrientas matanzas por parte de ambos bandos, la OTAN es de nuevo el centro de la atención.

Según la prensa, Inglaterra, Francia, Qatar y Jordania, infiltraron de forma clandestina unidades militares en el territorio libio para ayudar directamente a las agrupaciones armadas rebeldes durante los combates para la ocupación de ciudades, y de forma muy especial durante el asalto final a Trípoli la semana pasada.

Uno de los primeros en difundir estas noticias fue el diario británico The Guardian en una nota del 23 de agosto, según al cual, antiguos miembros del Servicio Especial Aéreo (SAS) británico, contratados por agencias de seguridad privadas realizaron operaciones de inteligencia militar en Libia a favor de la OTAN.
Organizados en varios grupos, esos mercenarios veteranos recopilaron información de alto valor profesional que posteriormente suministraron a comandos del ejército regular de países extranjeros también infiltrados en la fase final terrestre en el territorio libio.

El trabajo principal de los comandos extranjeras fue recopilar sobre el terreno información sobre la ubicación exacta de los objetivos claves de defensa de las tropas leales a Gadafi.

Con esa información a mano, el mando de la OTAN reforzó la eficacia de las incursiones aéreas de los cazas de la coalición que en las últimas semanas destruyeron bases de vehículos, tanques, piezas de artillería y arsenales del ejército libio.

Las labores de inteligencia de esas unidades permitieron a la aviación de la OTAN neutralizar la línea de defensa por el norte y los flancos oriente y occidental de Trípoli, por lo que las tropas rebeldes pudieron entrar en la capital prácticamente librando combates esporádicos de mediana intensidad.

Otro rotativo inglés, el Daily Telegraph citando fuentes propias, informó que militares del 22 batallón 22 de la SAS en Libia desde las últimas semanas, organizaron los operativos que pusieron en marcha los rebeldes para tomar por asalto los objetivos claves en Trípoli, como la televisión, el aeropuerto y otras instalaciones importantes.

Según el rotativo, el plan general para el asalto a Trípoli y la movilización de los grupos de la oposición por la ciudad fue elaborado por británicos que controlaban directamente el movimiento de los rebeldes tras confirmar la información suministrada por el comando de la OTAN responsable de la fase aérea de la ofensiva.

La contundencia de los ataques de la aviación de la OTAN sobre las tropas libias neutralizó su capacidad de reacción, por lo que Trípoli prácticamente cayó sin oponer resistencia.

Una vez anunciada la toma de la mayor parte de la capital, e incluso el cuartel general de Gadafi, el primer ministro británico David Cameron de la forma más natural del mundo, dio la orden de capturar a Gadafi y los rebeldes pusieron precio a su cabeza con una recompensa de más de un millón de dólares.

Talvez eso explica el fulminante ataque aéreo emprendido por cazas británicos contra un supuesto bunker de Gadafi en la ciudad de Sirte, patria chica del líder libio y ultimo baluarte de las fuerzas gadafistas.

Por primera vez, y con marcado alarde belicista, la prensa internacional explicó que los cazas Tornado británico lanzaron bombas de penetración especiales para destruir fortificaciones subterráneas, es decir, para liquidar a Gadafi en la parte más profunda de su refugio.

Al comentar el asalto a Trípoli expertos militares rusos destacan que el éxito de la operación estuvo condicionada por la coordinación de acción de la aviación de la OTAN y las tropas de tierra que marcharon según un plan coordinado, completamente diferente a la forma de combate utilizada antes por los rebeldes.
La intervención directa de militares extranjeros fue la única opción de los gobiernos occidentales implicados en la operación en Libia para sacar la situación del punto muerto porque ni los rebeldes ni las tropas de Gadafi tenían la capacidad combativa suficiente para obtener la victoria por sus propios medios.

Para Londres y París, una victoria rápida a cualquier precio se convirtió en una necesidad perentoria porque la opinión pública europea ya veía con ojos críticos la aventura del bloque atlántico en el país africano.

La sombría perspectiva de situación económica en Europa y la actitud crítica ante el problema de la inmigración hizo que la “defensa de los valores democráticos”, “la defensa del pueblo libio” y otras consignas políticas utilizadas por los gobiernos europeos cada vez tuvieran menos apoyo entre el contribuyente europeo, agobiado por sus propios problemas.

Entre tanto, las capitales europeas preparan una campaña para justificar la cacería contra Gadafi al que acusan de todos los crímenes perpetrados en Libia desde febrero cuando comenzó la revolución, y en especial las atrocidades cometidas durante el asalto a Trípoli.

Aprovechando la carencia de imparcialidad por parte de la prensa internacional, Gadafi ahora es responsable de los muertos aparecidos en su bunker de Trípoli y otros centenares desperdigados en hospitales y hasta los muertos abandonados en las calles.

Aunque Amnistía Internacional denuncio que tanto los gadafistas como los rebeldes han cometido ejecuciones y torturas indiscriminadas en las que la mayor parte de las víctimas es la población civil.

La carencia total de agua potable y electricidad en Trípoli también es obra maléfica de Gadafi, según la mayoría de los reportajes de los corresponsales occidentales.

Expertos rusos consideran que esta campaña es indispensable para que los gobiernos de Europa puedan justificar los juegos sucios cometidos por en la guerra, sobre todo cuando otros países como Rusia o China pueden denunciar que esos países violaron los términos establecidos por las resoluciones de la ONU que autorizaron la intervención en Libia.

Parte del juego político para repartir responsabilidades porque la caía de Gadafi no significará el fin de la crisis en Libia, sino el comienzo de otra fase mucha más aguda de consecuencias difíciles de predecir.
La mayoría de los expertos en Rusia como en el exterior coinciden en que Libia comienza una fase de incertidumbre en la que cualquier cosa puede ocurrir, desde su fragmentación en tres partes con el estallido de conflictos regionales muy sangrientos.

Son muy pocos los que se atreven a pronostican que Libia conservará su integridad territorial y establecerá un gobierno democrático de corte occidental conservando al mismo tiempo, todo el contenido de su cultura musulmán.

Viendo el actual desarrollo de los acontecimientos, son más pocos los que piensan que no habrá más violencia, más destrucción y más muertos.

Y a pesar del pesimismo, posiblemente nadie se atreverá a proponer la aprobación de otra resolución de la ONU para defender al pueblo libio.

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