lunes, 7 de noviembre de 2011

La OTAN se establece en Libia

 La OTAN se establece en Libia

El papel de la OTAN en Libia abre un nuevo capítulo en la seguridad internacional.

Su denominada Operación Protector Unificado (OUP, por sus siglas en inglés) estuvo envuelta en la controversia en la medida en que insistió unilateralmente en que su intervención en Libia tuvo el mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mientras Rusia y China cuestionaban la suposición de la alianza de que la Resolución 1973 daba mandato para el tipo de actividades que emprendió en Libia.

La manera en que la OTAN terminó la OUP es igualmente controvertida. El anuncio al respecto del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, del viernes en Bruselas, contiene numerosos matices y establece no pocos precedentes para el futuro en conflictos regionales como puede ser en Siria.
Antes que nada, la declaración de Rasmussen insistió en que la OUP cumplía el “mandato histórico” del Consejo de Seguridad de la ONU de “proteger al pueblo de Libia”. Pero hace intencionalmente caso omiso de la resolución unánime aprobada solo el día antes por el Consejo de Seguridad en Nueva York pidiendo el levantamiento de la “zona de exclusión aérea” sobre Libia. Esencialmente, la declaración de Rasmussen subrayó que la alianza adoptó por iniciativa propia la decisión de terminar la operación en Libia el 31 de octubre.

Por cierto, hasta el mismo día de esa fecha límite del 31 de octubre, insistió altivamente en que la OTAN “seguirá vigilando la situación. Y si es necesario, seguiremos respondiendo a las amenazas contra civiles.”
Navegando entre dos aguas

Por otra parte Rusia, que presentó la resolución (2016) del Consejo de Seguridad del jueves sostiene que la “prohibición del uso del espacio aéreo libio se ha convertido hace tiempo en un anacronismo… [y] la acción unilateral en esta área es inaceptable y contradice la Resolución 1973”.

No obstante, la embajadora de EE.UU. en la ONU, Susan Rice, argumentó firmemente en contra de la acusación rusa. Dijo el jueves:

Y por cierto, quedó muy claro, mientras discutimos y negociamos la Resolución 1973, lo que involucraría la autorización de uso de fuerza para proteger civiles. Y lo discutimos muy concreta y explícitamente, describimos exhaustivamente que involucraría el uso activo de poder aéreo y ataques aéreos… Por lo tanto no cabía la menor duda de que los miembros del Consejo de Seguridad sabían a favor de qué estaban votando.

Ahora, indudablemente, a medida que esto se desarrollaba y ocurría durante algunos meses, hubo quienes consideraron cada vez más embarazoso lo que habían aceptado. Pero sugerir que han sido engañados de alguna manera es falso.

Rice tiene razón. Después de haber aceptado la Resolución 1973 y al no poder o no querer (o las dos cosas) convertir la crisis libia en un factor en su amplia relación de cooperación-junto-con-competencia con EE.UU., Rusia y China simplemente se mantuvieron al margen y recurrieron a sacar un cierto provecho propagandístico. Una característica del caso libio es que Rusia (y hasta cierto punto China) jugaron en ambas direcciones.

La parte curiosa es que Rusia presentó su borrador de la Resolución 2016 a sabiendas de que el Grupo de Contacto Libia (LCG) ya estaba en el proceso de disminuir las operaciones de la OTAN y había tomado la decisión de terminar la OUP a finales de octubre. (Rasmussen dijo la verdad).

En breve, Rusia estaba actuando de modo muy impresionante en el momento oportuno, pero en realidad estaba armonizando su postura diplomática con la del LCG. Desde el punto de vista de la OTAN, por lo tanto, la Resolución 2016 fue como una especie de acción secundaria, Tampoco se puede culpar a la alianza, ya que la Resolución 2016 resultó ser finalmente una resolución ruso-británica. (Ya hemos hablado bastante de la tan cacareada “coordinación” entre Rusia y China en el Consejo de Seguridad.)

Igualmente, cuando se adoptó la Resolución 1973, hubo pretensiones de algo como una posición común del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) sobre Libia. (Brasil, India y Sudáfrica también están representados actualmente en el Consejo de Seguridad.)

Simplificando, un chip “BIS” se ha disociado del BRICS, ya que los países del “BIS” se sintieron desilusionados porque en última instancia resultó que el ADN de Rusia y China es el de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y no el del BRICS.

Los “BIS” han decidido ahora que actuarán por su propia cuenta dentro de su propio foro exclusivo conocido como IBSA respecto a la situación en Siria en lugar de ser las mascotas de Rusia y China. Irónicamente, hasta hace poco Rusia solía ser el más elocuente entusiasta del BRICS. Libia puede haber socavado mortalmente la credibilidad del BRICS para emerger como una fuerte voz política en la escena internacional. El BRICS necesitará tiempo para resucitar, si lo logra, y puede seguir siendo un simple grupo de trabajo para el futuro previsible.

Habiendo dicho eso, no se pueden reprochar a Rusia los motivos que tuvo para mostrar semejante pragmatismo cotidiano respecto al problema libio. Actuó todo el tiempo en función de sus propios intereses. Y Rusia quiere dejar atrás ahora la controversia respecto a la Resolución 1973 como una pequeña reliquia de la diplomacia de gran potencia, tal vez vuelva a visitarla de vez en cuando si la necesidad propagandística lo requiere.
Pero esencialmente Moscú no quiere complicar sus tratos con el nuevo régimen libio, con Occidente o con las monarquías árabes del Golfo Pérsico que se confabularon con las potencias occidentales. (El partido gobernante en Rusia rechazó una acción de la Duma (Parlamento) para adoptar una resolución condenando el atroz asesinato de Muamar Gadafi.)

Matices de Abisinia

De hecho, el ministro ruso de Exteriores, Sergey Lavrov, partió de Moscú el fin de semana para participar en la primera reunión ministerial de Diálogo Estratégico entre Rusia y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que tendrá lugar el lunes en los Emiratos Árabes Unidos.

Un portavoz del Ministerio de Exteriores ruso dijo que la cooperación con el CCG corresponde a “los intereses a largo plazo [de Moscú], y ayuda a fortalecer la posición de nuestro país en el mundo árabe musulmán”. El portavoz agregó que la cooperación con el CCG forma “parte integral de la actividad rusa en el sector islámico”, mejorando “los intereses empresariales en el mundo islámico y atrayendo sus fondos a la economía rusa”.

Resumiendo, la declaración de Rasmussen es acertada cuando sugiere implícitamente que las decisiones importantes sobre Libia ya no serán adoptadas en el Consejo de Seguridad de la ONU sino que serán algo entre “Libia democrática” y la OTAN. Lo dijo directamente: “Y la OTAN está lista para ayudar, si es necesario y solicitado, a los libios a reformar las instituciones de seguridad y defensa que todas las democracias necesitan para permanecer libres y seguras”.

No es sorprendente que el presidente del Consejo Nacional de Transición en Trípoli, Mustafa Abdul-Jallil, haya pedido que la OTAN continúe sus actividades en Libia “por lo menos hasta fin de año”.

Se prevé que las fuerzas de la OTAN permanecerán en Libia durante mucho tiempo. En términos inmediatos, no importa la Resolución 2016, los aviones de guerra de la OTAN seguirán patrullando los cielos libios, mientras entrenadores de la OTAN crearán las fuerzas armadas libias, que adoptarán los estándares de la Alianza en su entrenamiento y comprarán armas (con sus petrodólares) lo que hará que sean “inter-operativas” con la OTAN.

Todo esto es paralelo a la creación de un nuevo régimen en Trípoli. Desde todo punto de vista, Libia se está convirtiendo en un protectorado de la OTAN.

La experiencia libia se convierte en el primer caso de prueba del nuevo “concepto estratégico” de la OTAN adoptado en la cumbre de Lisboa hace un año, que convirtió a la Alianza en una nueva presencia de seguridad internacional en el siglo XXI capaz y dispuesta a intervenir en “puntos álgidos” globales con o sin mandato de la ONU.

Por lo tanto, lo que podemos esperar en Libia es que técnicamente las operaciones de la OTAN cesen el 31 de octubre, pero que nada cambiará en la realidad del terreno. La misión será etiquetada como alguna especie de coalición de los Amigos de Libia. (En todo caso, la misión propiamente tal de la OTAN en Libia es una experiencia novedosa, ya que es una “coalición de los dispuestos” entre los países miembros).

Actualmente hay negociaciones entre bastidores para reunir un grupo de países, incluido EE.UU., que continúe la misión de la OTAN bajo una nueva rúbrica. Podría pasar que el abanderado de la coalición sea un sujeto pequeño, no controvertido como Qatar, que no es un país occidental, ni una potencia de la OTAN ni una gran potencia y que no evoca fuertes sentimientos en el espectro político o ideológico.

Desde el punto de vista occidental, lo que importa es que Qatar es un país árabe musulmán, cuyo régimen tiene una fuerte congruencia de intereses con Occidente en la modelación de la transición en Libia y en otros sitios en Medio Oriente, y está dispuesto a seguir financiando generosamente la transición en Trípoli.
Mirando hacia atrás, lo que ha estado sucediendo en Libia es de profundo significado para el sistema internacional. No hubo nada que Rusia, China, el BRICS, el IBSA o la comunidad mundial en su conjunto (menos los Amigos de Libia) hayan podido hacer en lo que se llama frecuentemente el “mundo multipolar” para detener a la OTAN en Libia. Se ha creado un fuerte precedente.

Para los historiadores, el expediente libio presenta un estudio comparativo de “diplomacia de gran potencia” y un cínico apaciguamiento de la agresión. De muchas maneras, la guerra libia recuerda la crisis de Abisinia de 1934. La gran pregunta es, si el apaciguamiento respecto a Abisinia no impidió en última instancia las futuras excursiones del agresor (Italia),¿puede ser algo diferente cuando volvemos nuestros ojos hacia Siria?

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía



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