viernes, 7 de octubre de 2011

Declaración Internacional de Solidaridad con la Yamahiriya Libia


Declaración Internacional de
Solidaridad con la Yamahiriya Libia

El 17 de febrero de 2011 se inició en Libia un movimiento opositor al régimen del Congreso General del Pueblo, el cual se inscribió dentro de las revueltas y protestas contra la corrupción, la miseria y la represión, en todo el Mundo Árabe. Las masas de estos países, aquejadas por la creciente brecha social que los separa del escalón más rico, habían derrocado previamente a los dictadores Zine El-Abidine Ben Alí (Túnez) y Hosni Mubarak (Egipto). Los opositores libios al régimen socialista ensayaron una “insurrección cívica” mediante “convocatorias de la ira”. No hallaron apoyo en la mayoría de la población civil, pues el país se ha visto beneficiado por una gran expansión económica en los últimos diez años, que además se tradujo en un aumento del nivel de vida, que volvió a colocarse en el primer lugar de África, según el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU. No existían motivos económicos para las protestas. Si, en cambio, existían motivos de clase. Las “masas indignadas” no constituyen más que unos puñados de antiguos realistas, conservadores y fundamentalistas islámicos. Todos ellos, en tanto, cuentan desde hace décadas con el financiamiento y el apoyo de Estados Unidos y Europa Occidental.

Desde la Revolución de Al-Fateh en 1969 liderada por el jóven Cnel. Muammar Khadaffi, Libia ha ingresado en la puerta grande de la historia, con sus logros económicos y sociales. Los yacimientos y la industria petrolera fueron nacionalizados en buena proporción: la restante, redujo el porcentaje de ganancias netas para las empresas extranjeras de 80 a 20 por ciento. Asimismo, el 25% de las ganancias de las empresas, se abonan directamente para los trabajadores. Por ende, al menos el 85% de esta masa de recursos vuelve a las manos de los libios. Esto ha posibilitado un florecimiento económico y social. La vivienda es un derecho humano, no existe déficit en esta materia. La mortalidad infantil está entre las más bajas del continente. El PBI per cápita era, antes de la guerra, el segundo mayor del continente. Fué creado un sistema de previsión social, con asistencia médica gratuita y estímulos a familias numerosas. Antes de la Revolución republicana, socialista y nasserista de 1969, Libia era un reino de opresión y miseria, fiel colaborador de los intereses económicos de las potencias centrales. No es casualidad que Estados Unidos jurara venganza a la Revolución del 1º de Septiembre de 1969, cuando ésta desmanteló la base militar norteamericana en el país.

Desde entonces, los avances económicos quedaron demostrados en la histórica inversión agrícola que realizó el gobierno, con objeto de diversificar la producción y alcanzar la autosuficiencia alimentaria. Con el aprovechamiento del agua de los yacimientos fósiles con que cuenta el país, se construyó el Gran Río Artificial, el cual ha beneficiado a los agricultores a través del regadío, mientras el Estado aumentó la inversión con la promulgación de una reforma agraria y una serie de beneficios, como vivienda propia, a todos los campesinos. Es decir, una política activa de incentivos para la producción agrícola. La independencia económica que ha conquistado Libia, ha sido desde siempre motivo de hostigamiento permanente por parte del Departamento de Estado de EE.UU., el Foreign Office británico, y la cancillería agregada de la Unión Europea más tarde. En 1981 Estados Unidos derribó dos aviones libios en el Golfo de Sidra, y en 1986, sin previa declaración de guerra, hizo lo mismo contra las ciudades de Tripoli y Benghazi. El objetivo era matar a Khadaffi mediante una acción criminal y mafiosa. Esto desmiente las versiones de que Khadaffi “nunca” enfrentó directamente al imperialismo. El régimen socialista libio ha practicado una activísima política de solidaridad con los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo y con las luchas antiimperialistas y antiracistas en el continente africano. La lista, incluye a las siguientes participaciones internacionalistas libias:

1982: Armas para la República Argentina durante la guerra de Recuperación de las Islas Malvinas. El país sudamericano había recuperado el archipiélago austral que los ingleses ocupaban desde mediados del Siglo XIX

1979-1990:Apoyo a la Revolución Sandinista en Nicaragua.

1991: Apoyo al levantamiento revolucionario antirreformista en la Unión Soviética, y al Consejo de Gobierno de Guennadi Yenayev.
1980-1990: Ayuda militar a las guerrillas tuareg del Centro de África.

1970-…:Apoyó a los guerrilleros del Frente Polisario en el Sáhara Occidental, y reconocimiento de la República Árabe Saharuí Democrática como estado independiente.

Década de 1980: Participó directamente en la guerra civil de Chad, en defensa del Gobierno Transitorio de Unión Nacional (GUNT) dirigido por Goukouni Oueddei y el FROLINAT (Frente de Liberación Nacional).

-Colaboración ayuda en la lucha contra el apartheid continuador del colonialismo europeo en Sudáfrica (CNA, Mandela) y Zimbabwe (Zanu-PF, Mugabe), a la causa del pueblo palestino.

Amistad y colaboración con la Revolución Bolivariana de Venezuela, con el Movimiento Al Socialismo en Bolivia, con la Alternativa Bolivariana para las Américas.

Promoción de la unidad continental, del abandono del patrón-dolar para la moneda, promoción activa de la unidad de los países del Maghreb Árabe.

Condena explícita a la invasión norteamericana a Irak (2003), y a la actitud benevolente de Arabia Saudí para con el imperialismo. Esto le valió enemistarse definitivamente de las monarquías oscurantistas de la Península Arábiga.

Propuesta para la creación de un Pacto Defensivo entre las naciones del Atlántico Sur, es decir, un mundo pensado desde el Sur (2010).

En 1977 fué abolida la Jefatura de Estado, y el poder pasó a recaer en el Congreso General del Pueblo. La nueva superestructura política tiene por objetivo el tránsito del país hacia una democracia directa. Por esta razón, no existen en Libia los partidos políticos. Fué proclamada ese año la Yamahiriya (Estado de masas) Libia Popular y Socialista. Se estableció un nuevo sistema de representación surgido desde la iniciativa y las preocupaciones de las masas: los Comités Populares de base (2.700 miembros, 46 unidades), que representan a las tribus y a todos los colectivos sociales libios, eligen a un Congreso General del Pueblo, de más de 400 miembros, que tiene la última palabra en las decisiones que atañen a la vida de los libios. El Cnel. Muammar Khadaffi no desempeña ningún cargo ejecutivo desde entonces. Es el Líder la Revolución, y ha sido confiada en él, en varias ocasiones, la representación libia ante el extranjero.

La política internacionalista y socialista de Khadaffi ha encontrado la consiguiente furia del interés privado de la burguesía internacional. Estados Unidos impuso sobre este país un bloqueo económico en los años 80, que se profundizó en los 90, más aún por el apoyo de Khadaffi a los militares y cuadros soviéticos que no pudieron derrocar al capitalista Gorbachov de la URSS. En los años siguientes, la Yamahiriya practicó una política de mayor “flexibilidad” en su orientación externa. Esto incluyó una apertura a la inversión del capital extranjero, y una dudosa “resolución” del conflicto derivado del nunca esclarecido debidamente, atentado de Lockerbie-Escocia. Pero fué suficiente para que Estados Unidos y sus secuaces levantaran las sanciones económicas. Libia jamás ha clausurado el bienestar para su población. A tal punto, que Khadaffi se atrevió en 2009 a enviar una iniciativa al Congreso General del Pueblo, para la nacionalización de la industria del petróleo y sus yacimientos. También, proponía el reparto de todas las ganancias petroleras para toda la población. El nuevo plan económico garantizaba un ingreso mínimo anual de 23.000 dólares por familia. El mismo, fué rechazado por el C.G.P.. Khadaffi entonces redobló los esfuerzos para luchar contra la burocracia anquilosada en el Estado: envió una nueva propuesta para disolver el gobierno, que tampoco halló suficientes apoyos. Quedó aplazada, en tanto la cuestión del petróleo y el nuevo paradigma económico.

En 2011 Khadaffi propuso que Libia diversificara su producción petrolera, y que ésta se dirigiera hacia India, Rusia, Brasil, y otras potencias emergentes. Lo mismo, con el oro del país. Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, y otras 13 potencias imperialistas comenzaron a pergeñar una intervención militar para repartirse el petróleo libio, que corría el riesgo de pasar a manos de sus propios trabajadores. En este sentido se guiaron todas las acciones destinadas a apoyar, primero, el cuadro de “insurreción cívica” desde el 17 de febrero, más tarde las bandas armadas de delincuentes, ladrones, violadores que aterrorizaron a las ciudades de la costa libia. La policía libia en ningún momento disparó sus armas. En casi todas las ocasiones, recibió órdenes de retirarse para no ocasionar mayores violencias. La Yamahiriya ofreció un diálogo nacional desde el primer momento, incluyendo una reforma a la Constitución. Como contrapartida, exigió el cese de las acciones violentas. Al tiempo, las bandas se convirtieron en un “Ejército de Liberación Nacional”, y éste, en “Consejo Nacional de Transición” que se instaló en Benghazi.

El carácter contrarrevolucionario y oscurantista de los “rebeldes” libios quedó en claro desde un primer momento, cuando estos alzaron la bandera verde-negra-roja del antiguo Reino de Libia. Un movimiento restauracionista que encontró rápidamente el apoyo de las potencias centrales del capitalismo internacional. El 17 de marzo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitió la Resolución 1973, por la cual se autorizaba la intervención militar de las susodichas potencias para imponer un “Area de Exclusión Aérea”. En realidad, se trataba de destruir a la Fuerza Aérea de Libia, acusada de haber perpetrado bombardeos contra los opositores, que fueron desmentidos por la Fuerza Aérea de Rusia, y por la simple inexistencia de pruebas fílmicas o fotográficas. Aún así, mediante de la mentira del “genocidio en curso”, se decidió llevar a cabo una campaña militar de bombardeos contra las instalaciones militares, pero sobre todo contra la población civil de Libia. 42 años de trabajo de los libios han sido destruidos por las bombas de la OTAN (a quien se le confió poco después la operación). Se han lanzado bombas de fósforo blanco y uranio empobrecido sobre la población. Aún con las bombas de 16 potencias imperialistas, es el apoyo del pueblo libio el que ha permitido a Khadaffi y a la Revolución Verde y Socialista, resistir hasta estos días. La verdadera resistencia comienza ahora, cuando la Revolución, a pesar de su repliegue táctico de Tripoli, lanza continuos ataques sobre los contrarrevolucionarios.

Desde el Comité de Solidaridad con la Yamahiriya Libia, desconocemos el reciente “reconocimiento” del CNT como autoridad legítima de Libia en la 65ª Asamblea General de la ONU. Lamentamos la posición claudicante que han adoptado muchos países de línea progresista. Así como admiramos la valentía de otros, como los del ALBA, o las naciones africanas que han votado en contra del CNT. Dos de ellas, Zimbabwe y Sudáfrica, recuerdan muy bien el apoyo que les fué brindado a sus pueblos en los momentos más oscuros delApartheid. La izquierda internacional no ha apoyado, como hubiésemos esperado, a la Revolución que hoy lucha contra los aviones de la OTAN y los mercenarios y terroristas del CNT. Se ha pronunciado las más de las veces con tibieza, y en otras, apoyando directamente a los contrarrevolucionarios. Libia no es Egipto ni es Túnez. Para nosotros, en este Comité, queda claro que existe una discontinuidad entre la Revolución de Febrero en Túnez, y los sucesos posteriores en Libia. Creemos que se está ensayando una “Revolución de Colores” para instalar una democracia representativa prooccidental, que acelere el despojo de las riquezas del suelo libio para las potencias imperialistas. No vamos a apoyar a una horda de facinerosos como los del CNT, asesinos y violadores, fundamentalistas religiosos y tecnócratas ultraliberales, que nos recuerdan a muchos, nuestras peores horas. La actual guerra de agresión contra Libia, realizada por dieciséis potencias centrales, ha asesinado a casi 20 mil libios, y sienta un peligroso precedente sobre el creciente poderío de la manipulación de la información a manos de los medios de comunicación monopólicos. Las agencias de noticias se encuentran concentradas en cada vez menos propietarios, debido a la complejización de su trabajo, impregnado de los prejuicios, y las subjetividades de la clase dominante a nivel mundial, que es la burguesía internacional. ¿Le preocupará, acaso, a esta clase dominante, la suerte de las familias libias, siempre y cuando pueda sacar tajada del botín de guerra?. Se trata, evidentemente, de una cuestión de intereses de clase, los cuales han sido tergiversados o nulamente detectados por la mayor parte de la izquierda tradicional, que ha adoptado un posicionamiento que en nada se diferencia de su enemigo histórico que es la socialdemocracia internacional.

Este Comité de Solidaridad con la Yamahiriya Libia es un comité transversal, para todos aquellos que estén en contra la intervención de las potencias imperialistas en Libia, que rechacen al terrorismo internacional, y que apoyen la lucha de un pueblo por su soberanía, y su derecho a construir su propio modelo, en paz. Nosotros llamamos a todos los comunistas, socialistas, nacionalistas, demócratas, humanistas, verdaderamente dignos, que defienden la soberanía de los pueblos, los derechos humanos y que se pronuncian y militan en contra de la locura de la guerra de recursos, que es siempre una derrota para la Humanidad. A todos ellos nos dirigimos desde este Comité. Llamamos a coordinar todos los esfuerzos en esta guerra mediática, en esta guerra de propaganda del sistema capitalista internacional, que quiere hundirnos a los luchadores, como Khadaffi. Quiere hundir, asesinar, a todos los que se han atrevido a tocar intereses, a combatir al capital, para que reinase en el Pueblo, el amor y la igualdad.

Una vida sin dignidad y sin gloria, no tiene sentidoCoronel Muammar Khadaffi (25/2/11)


LA OTAN VIOLA EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO
EN SU AGRESION CONTRA LIBIA


Libia y el imperialismo:
Dan Glazebrook, Lizzie Phelan, Harpal Brar



Película documental:
El Pecado de Gaddafi y Libia

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